Una de las cuestiones que más preocupa a un buen anfitrión cuando tiene invitados a comer es; ¿qué tipo de copas pongo para el vino?, ¿saco las de cava?, y esa persona se esmera en buscar lo mejor de su cristalería para poder servir el vino (que, dicho sea de paso, no acostumbra a estar en los últimos años a la altura de las circunstancias… lo que nos arruina un tanto la comida.). En esta situación recuerde que en un mundo de imágenes las apariencias son esenciales.
Ahora bien, la pregunta es: ¿cuántas copas debo tener en casa?. Y la respuesta ortodoxa es tener cinco tipos de copas: para vinos blancos, tintos jóvenes, tintos de calidad superior, espumosos y generosos.
Pero ya se sabe que una cosa es lo deseable y otra la cruda realidad. Como los pisos son los que son y tienen los espacios que tienen, lo más recomendable y práctico es tener tres estilos. Dos copas de diferente tamaño, la más pequeña para vino blanco y la mayor para vino tinto. Y la última, la característica flauta para el cava.
Las copas de vino tinto, son las llamadas Burdeos o Borgoña. Son grandes, en forma de balón de garganta ancha y bordes curvados hacia adentro.
Las de vino blanco, por el contrario, son más pequeñas y con una boca más cerrada que las de tinto. Su pie es más largo para evitar que al sujetarla se caliente la bebida.
Las copas de flauta de cava, son altas, de cuerpo largo y delgado, fondo pequeño y corta de pie. Su gran profundidad y poco diámetro hacen que las burbujas duren más en la copa.
Y ya puestos en plan exquisito, tener copas para el Oporto, o el Jerez, ya es todo un puntazo. Estas son ligeramente aflautadas, de tamaño medio y pie corto, dirigen el aroma del vino hasta la nariz. Tienen una ventaja adicional; también se usan para vinos dulces.
Cuando se va a comprar unos de estos productos hay que tener en cuenta algunas características:
El fondo debe ser redondeado para ayudar a airear el vino; la parte superior acabar en forma cónica hacia el interior, frenando la escapada de aromas.
El talle de la copa conviene que sea lo suficientemente largo como para no tener que tocar el cáliz. Así evitamos calentar el vino y manchar la copa.
El cristal mejor transparente y liso con el fin de apreciar el color y lágrimas del vino.
Busque copas con el borde laminado: el tacto en la boca es más suave.
El diámetro de la boca debe ser menor al de la parte más ancha; sirve para orientar a los aromas.
El grosor del cristal, alrededor de un milímetro. Cuanto más finas sean las paredes menos se alteran las sensaciones.
La base de la copa que sea lo suficientemente ancha para que tenga firmeza y estabilidad.
Y recuerde siempre que si no tiene copas, pues no pasa nada, que para eso están los vasos.

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